Las fresas son unas de las frutas más apreciadas debido a su agradable color, sabor y aroma. De hecho, cuando se encuentran en su momento óptimo de consumo desprenden un aroma inconfundible. Pero, además, nutricionalmente, son una gran fuente de vitamina C, fibra y minerales.

Pertenecen a la família de las Rosáceas y existen muchas variedades. España es el mayor productor de fresas de Europa, y Huelva la provincia más especializada del país. Cabe destacar, también, la comarca del Maresme (Barcelona), Valencia y Extremadura como grandes productores en España.

La mejor época de consumo de fresas coincide con su temporada de recolección, concretamente de febrero a mayo. Y es por esta razón que, ahora que ha llegado la primavera, he decidido hablar de ellas en mi blog. www.laba.ws_Fresh_Strawberries

Su componente más abundante es el agua (89,6%). Su contenido en hidratos de carbono (fructosa y glucosa fundamentalmente) es de aproximadamente el 5% y aportan pocas calorías.

Son muy ricas en vitamina C, la cual, junto a los antocianos (pigmentos vegetales) y la vitamina E que también poseen, le confieren una acción antioxidante. Dicha vitamina C, a su vez, tiene la capacidad de favorecer la absorción del hierro de los alimentos mejorando o previniendo la aparición de anemia, y de mejorar la resistencia a posibles infecciones.

También son ricas en ácido fólico, y por ello recomendables durante los primeros meses del embarazo como medida preventiva de la espina bífida.

Debido a su elevado contenido en potasio y a su bajo contenido en sodio, se recomiendan en la alimentación de las personas hipertensas.

Su elevado contenido en fibra favorece el tránsito intestinal y favorece la eliminación de sustancias nocivas tales como el colesterol.

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Para terminar, os quiero dar unos consejos de conservación, pues como ya sabéis, las fresas son alimentos perecederos con una vida útil muy corta.

  • conservarlas en nevera
  • colocarlas en un recipiente horizontal sin amontonarlas
  • retirar las fresas golpeadas o estropeadas
  • taparlas con un papel film (sin tocarlas) para evitar que otros alimentos absorban su olor
  • no retirar los tallos ni lavarlas hasta el momento de consumirlas

 

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